"PAISAJE DE ROCHA" 2004
Acrílico sobre tela - 2 X 1.43m

2002 - PRÓLOGO DEL CATÁLOGO DE LA EXPOSICIÓN EN LA OEA,
WASHINGTON DC,

Mónica Saenz y Mariana Valdés han desarrollado una técnica nueva que va más allá de su amplia experiencia en Fresco y Trompe L'oeil. Estos grandes lienzos, similares en escala a sus trabajos murales anteriores, pero pintados ahora sobre tela, les permiten explorar recurrentes temas artísticos en un medio más amplio.

Tanto la Naturaleza como relevantes emblemas del ambiente arquitectónico Uruguayo surgen a la vida en esta insólita forma de colaboración entre las dos artistas: ambas mezclan sus talentos de una forma tal, que resulta imposible determinar la autoría de partes específicas de la pintura. Como resultado, las telas muestran una intensidad de expresión y una calidad técnica que es generalmente insuperada por sus trabajos individuales.

Estas obras capturan el sutil sentimiento de alegría en soledad inherente al ambiente de este pequeño y despoblado país ubicado en los confines de las Pampas. El mar, los campos intactos y los árboles de ombú aparecen bajo un cielo nuboso aunque profundamente azul, que ayuda a exaltar ese espíritu de gozosa soledad. Pero pocas veces estos paisajes naturales están contenidos dentro de una serie de detalles arquitectónicos que van desde una columna clásica hasta una fachada o un bajorrelieve "art deco" y que son piezas reconocibles tomadas de íconos bien notorios de la arquitectura uruguaya.

Contrastando una presencia lejana de la naturaleza con el medio ambiente urbano a través de detalladas tomas de elementos de edificios existentes, las artistas presentan una fresca y vívida interpretación de lo que es el contexto Uruguayo. Ello difiere substancialmente de los paisajes ciudadanos y de los patios de estancia que han sido el común denominador de los artistas locales tradicionales, como Pedro Figari o Juan Storm. Los paisajes rurales y urbanos actúan como importantes medios de expresión de la cultura local en la región del Río de la Plata.

Mónica y Mariana han encontrado un camino alternativo para desenvolver su arte: ese contraste entre elaborados balcones de mármol y montes de palmeras vistos a distancia, se vuelven símbolos simples y directos que nos ayudan a reafirmar las características únicas de la sustancia Uruguaya.

Dr Antonio Mercader
Ministro de Educación y Cultura
de la República Oriental del Uruguay


2003 - Imágenes Opticas - Elisa Roubaud

Dos pintoras, Mónica Sáenz (Montevideo, 1957) y Mariana Valdés (Montevideo, 1964), intentan a cuatro manos la novedosa tarea de pintar tapices que, a la manera de "trompe l'oeil", engañan la mirada prometiendo paisajes a través de ventanas inexistentes. La ilusión óptica funciona de maravillas: el contemplador se asoma a los lugares propuestos y los reconoce en una mirada renovadora que integra la flora y las aves autóctonas en la poesía sobrecogedora que las artistas entregan con impecable oficio.
Estas obras se exponen en Galería Trench de La Barra de Maldonado.
Mientras Sáenz comenzaba sus estudios de pintura con Jorge Damiani (1973), Valdés se integró a las clases de dibujo de Hilda López (1979); y un interés común por las ciencias de la comunicación hizo que se encontraran en la Universidad Católica, en 1982. Juntas estudiaron con Juan Storm (1985) y separadas fueron premiadas en diferentes concursos nacionales. Fuera del país, si Mónica Sáenz participó de una muestra de arte naif en París (1977), Mariana Valdés estudió pintura con Luis Felipe Noé en Buenos Aires, donde asistió a la escuela superior de Bellas Artes "Ernesto de Cárcova" (1987). El taller de Clever Lara, la Galería Tempo, y la de Juan Enrique Gomensoro, son instancias que preceden esta experiencia feliz de los tapices pintados, después de haber trabajado juntas en la pintura de murales y pátinas (1990-2001).

Ambas pintoras intervienen en todas las telas y sin embargo no se advierte la huella personal del dibujo o la pincelada. De la misma manera que en los más antiguos tapices orientales, o los primeros que en Occidente realizaron artesanos franceses y de los Países Bajos en los monasterios durante la Alta Edad Media, quienes heredaban por generaciones el trabajo y completaban puntos y colores en obras que trascendían el período de sus vidas, indistintamente Mónica y Mariana pueden continuar el gesto y la pincelada que se confunden en la unidad del paisaje elegido. Trabajan sobre fotografías tomadas en lugares que las artistas privilegian por su belleza natural; estudian su flora y las aves que allí anidan y cantan: como una marca de esta sensible tarea, en el marco de cada ventana ilusoria hay un pajarito que responde perfectamente a las características de un ave de la realidad. Tal señal remite a la flor que en la base de los paisajes o las naturalezas muertas indicaba la mano de Storm, la cifra de su sentimiento, al colocar un elemento natural y decorativo, discretamente integrado en la severidad de sus composiciones.
El más antiguo tapiz del que se tiene conocimiento hasta ahora fue encontrado en las estepas, en Pazyryk y por su similitud con ciertas telas decorativas aqueménidas, su composición perfectamente equilibrada y dividida en compartimientos regulares adornados por rosetas que predicen la época clásica y bien posterior, el diccionario Larousse afirma que se supone su origen iraní. Esta referencia permite aquilatar cuan larga es la historia de las paredes cubiertas por tejidos que cumplen una función decorativa y que cortan con una visión natural el lleno de una superficie que, al sostener lo edificado, impide el contacto con la luz.
Luz, aportan los tapices actuales de Sáenz y Valdés. Con infinitos verdes y azules de campos y ríos uruguayos, se encuadran en los tradicionales marcos de ventanas, o en la piedra rústica, o en paredes que claramente repiten estilos arquitectónicos que remiten a la ciudad. Luz y colores que responden a las exigencias de la arquitectura de hoy. Porque las paredes ya no son transparentes como algunas decenas de años atrás, siguiendo la escuela de Frank Lloyd Wright; ni se multiplican las terrazas, los ventanales, las decoraciones en la materia misma de los llenos, que distinguieron las obras del arquitecto Vilamajó, dejando honda huella en la formación profesional y en los edificios de este país. La arquitectura más reciente parece centrarse en el interior de lo construido, creando vastos espacios que no se abren al exterior sino por ventanas de tamaño regular, tal vez como una forma de proteger la intimidad. Para estas viviendas o para las salas de recepción de edificios públicos que por sus dimensiones necesitan la decoración de mayores superficies, la solución de Sáenz y Valdés resulta adecuada. Si a esta feliz oportunidad del recurso decorativo se suma la perfección de su ejecución, el brillo del color, la poesía que inunda estas telas que partiendo de una fotografía evitan el fácil naturalismo y ofrecen al contemplador una importante dosis de ensueño y abstracción, queda bien justificado el esfuerzo de las artistas que por muchas horas se vuelven artesanas. Cumplen con ello la función que les pide el tiempo que les ha tocado vivir. Con elementos locales crean una pintura aparentemente utilitaria que sin embargo habrá de durar, porque sus valores plásticos son universales.



Elisa Roubaud